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Efecto Río

November 29th, 2006 | Categoría: Uncategorized

mural en Lapa

Así hemos bautizado a aquel gozoso efecto que produce en nuestro cuerpo y alma una pasadita por Río de Janeiro entre medio de las ocupaciones laborales. La música, el calor, el baile, las conversaciones, los paseos por Copacabana, Ipanema y Leblón, todo ayuda.

No importa si te estás separando, anulando o divorciando. Si llevas un buen tiempo solo o mal acompañado. No importa si te está yendo como el forro en la pega. No importa si tus relaciones personales se reducen a la conversación que tienes con los guardias al entrar y salir de madrugada de la pega. Nada importa, Río y su gente tiene la maravillosa bondad de permitir mandar todo a la mierda y, al mismo tiempo, andar feliz.

Vayan, se los recomiendo. Yo ya preparo mi sorpresa de findeaño.

Pd. Y si a todo esto le agregas escuchar a tu uno de tus cantantes favoritos cantar tres noches seguidas en ambientes íntimos, ya nada puede superarlo.

que bueno está el bingo¡ (segunda parte)

November 29th, 2006 | Categoría: Uncategorized

Terminado breve y sumariamente la historia historia, una vez que llegué a Cochamó llamé al renta-car para avisarles del asunto, pedir instrucciones sobre el seguro e ingenuamente solicitarles un nuevo auto para así continuar con mi largo viaje (?).

Para mi sorpresa, me responden que no tienen autos que mandar, que a lo sumo mandan una grua para traer el auto malogrado y a su ocupante, además me informan que debía ir a Carabineros de la zona a dejar la constancia para efectos del seguro.

Como no estaba dispuesto a que mis vacaciones-de-dos-días quedaran a medias, decidí quedarme en Cochamó. Además el poli me había dicho que era día de fiesta en el pueblo. Que me dijeron. Busque una cabaña con vista al estero y esperé a que fueran a buscar el auto.

Finalmente, tipo 8 de la noche, llega la grúa a buscar el auto, casi tres horas después de la hora indicada.

Reporte del chiste. Me cobran $150 mil por la grúa y hacen efectiva la garantía de $400 mil en el acto. El seguro no cubre choques contra objetos inmóviles. Intento decirles que la baranda del puente se movía pero parece que no fuí muy convincente.

Y la fiesta, nada. Se trataba de un bingo organizado por algún comité de vecinos de Cochamó, donde la máxima entretención corría por cuenta del animador. Ni los ganadores de los suculentos premios manifestaban mucho su emoción. Así que pronto volví a la cabaña, a esperar que el día de la marmota terminara de una vez.

! que bueno está el bingo ¡

November 20th, 2006 | Categoría: Uncategorized

Con estas palabras, la noche del sábado en el Cuartel de Bomberos de Cochamó acabó mi primer y propio día de la marmota sureño.

Por razones que no viene al caso contar, el día jueves “tuve” que viajar a Puerto Montt en el último vuelo del día a las 23:55 horas. Era una viaje planificado eso si. Originalmente era de descanso, pero con los días se fue convirtiendo en de trabajo. Parcialmente, pero de trabajo al fín.

Como inicialmente la idea era tomarme unos días libres, tenía un plan: sin más planificación que la fecha de partida y de llegada, mi cuerpo y la cabeza que usualmente lo acompaña tomarían destino hacia algún baño termal poco conocido y/o poco visitado, de algún lugar próximo a la capital de la X Región. Turistel informaba de varios lugares, así que podía regodiarme.

Con esto en mente y una vez finalizado el cometido funcionario correspondiente, el sábado a primera hora del día comenzó la ejecución de mi plan. Dirigí mis pasos hacia el renta-car más barato de la zona y tomé el modelo más económico. Un lindo y flamante Toyota Yaris del año que viene.

To Ensenada
Con las llaves en la mano, partí por la ruta a Puerto Varas, para luego dirigir la marcha hacia Ensenada, bordeando el inmenso lago Llanquihue. Hasta ese momento y por un par de horas más, el viaje estuvo de maravillas: un sol desmadrado, un paisaje de locos, con tiempo para parar donde se me antojara y con muuuuchas expectativas. Y he ahí el error.

Cuando llevaba más de tres horas manejando y el camino de asfalto ya había acabado decenas de kilómetros atrás, ocurrió lo que predeciblemente podía pasarle a un fitipaldi urbano como yo. Sin entrar en detalles para no perjudicar el “proceso del seguro“, en una curva con pendiente, el auto derrapó, perdí el control y como pude traté de volver al camino. Digo traté porque sólo lo logré a medias. Terminé chocando la barrera de un pequeño puente, quedando con una rueda literalmente al aire mirando ansiosa el caudal del río.


El choque no fue tan fuerte. Logré reducir la velocidad considerablemente pero el impacto dejó un lesionado: el radiador. Nada que hacer, en poco rato el auto dejaría de funcionar por sobrecalentamiento. Rápidamente logré que un camión me sacara (porque obviamente quedé pegado en algo) y averigüe por la ciudad más cercana: Cochamó a sólo un kilómetro de distancia.

(…)

Esta historia continuará.

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