Con estas palabras, la noche del sábado en el Cuartel de Bomberos de Cochamó acabó mi primer y propio día de la marmota sureño.
Por razones que no viene al caso contar, el día jueves “tuve” que viajar a Puerto Montt en el último vuelo del día a las 23:55 horas. Era una viaje planificado eso si. Originalmente era de descanso, pero con los días se fue convirtiendo en de trabajo. Parcialmente, pero de trabajo al fín.
Como inicialmente la idea era tomarme unos días libres, tenía un plan: sin más planificación que la fecha de partida y de llegada, mi cuerpo y la cabeza que usualmente lo acompaña tomarían destino hacia algún baño termal poco conocido y/o poco visitado, de algún lugar próximo a la capital de la X Región. Turistel informaba de varios lugares, así que podía regodiarme.
Con esto en mente y una vez finalizado el cometido funcionario correspondiente, el sábado a primera hora del día comenzó la ejecución de mi plan. Dirigí mis pasos hacia el renta-car más barato de la zona y tomé el modelo más económico. Un lindo y flamante Toyota Yaris del año que viene.

Con las llaves en la mano, partí por la ruta a Puerto Varas, para luego dirigir la marcha hacia Ensenada, bordeando el inmenso lago Llanquihue. Hasta ese momento y por un par de horas más, el viaje estuvo de maravillas: un sol desmadrado, un paisaje de locos, con tiempo para parar donde se me antojara y con muuuuchas expectativas. Y he ahí el error.
Cuando llevaba más de tres horas manejando y el camino de asfalto ya había acabado decenas de kilómetros atrás, ocurrió lo que predeciblemente podía pasarle a un fitipaldi urbano como yo. Sin entrar en detalles para no perjudicar el “proceso del seguro“, en una curva con pendiente, el auto derrapó, perdí el control y como pude traté de volver al camino. Digo traté porque sólo lo logré a medias. Terminé chocando la barrera de un pequeño puente, quedando con una rueda literalmente al aire mirando ansiosa el caudal del río.

El choque no fue tan fuerte. Logré reducir la velocidad considerablemente pero el impacto dejó un lesionado: el radiador. Nada que hacer, en poco rato el auto dejaría de funcionar por sobrecalentamiento. Rápidamente logré que un camión me sacara (porque obviamente quedé pegado en algo) y averigüe por la ciudad más cercana: Cochamó a sólo un kilómetro de distancia.
(…)
Esta historia continuará.
Obviamente, simenon.cl funciona con WordPress y muchos más obvio que todo está licenciado con
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Francamente sin comentarios. Ta bien andar arriba de la pelota, pero cuídate pa la otra.
[...] Terminado breve y sumariamente la historia historia, una vez que llegué a Cochamó llamé al renta-car para avisarles del asunto, pedir instrucciones sobre el seguro e ingenuamente solicitarles un nuevo auto para así continuar con mi largo viaje (?). [...]
Si me hubieras llevado no te hubiera pasado nada de eso, pa la otra amigo mio del sur
Norteña