En un giro inesperado del principal diario chileno, El Mercurio publica hoy una editorial donde por primera vez manifiestan algo que para muchos de nosotros es evidente desde hace un buen tiempo: los efectos perversos (directos o colaterales) de sistemas demasiado estrictos en materia de propiedad intelectual.
Así, El Mercurio se despacha un parráfo digno de ser enmarcado:
“La pregunta que urge a los economistas es si el actual plazo de protección es correcto, y si hay opciones para alentar a los inventores a menor costo social. Plazos excesivos alargan la ineficiencia del monopolio y atraen demasiados recursos hacia la innovación, los que podrían gastarse inútilmente. Asimismo, en algunas áreas tecnológicas el costo de negociar permisos para las diversas patentes sobre procesos eleva los costos legales y se ha transformado en una barrera de entrada para empresas con ideas innovadoras. Por último, en los países desarrollados se teme que la legislación de propiedad intelectual esté condicionada por grupos de presión que no representan a los innovadores, sino a los poseedores de derechos. Un ejemplo fue la extensión del “copyright” en la ley “Mickey Mouse”, propuesta por un lobby encabezado por Disney, cuyos primeros dibujos del ratón homónimo estaban en riesgo de entrar al acervo común. El alargamiento de la vida del “copyright”, que se aplica a creaciones ya realizadas, desvirtúa el propósito de la legislación de derecho intelectual, que es la promoción de nuevas creaciones.”
Si bien es una mirada bastante económica del asunto y comete el típico error de confundir software libre con software gratuito, la editorial da cuenta de tres problemas importantes de las actuales regulaciones: i) el monopolio legal de explotación que significan los derechos de propiedad intelectual; ii) las trabas a la creatividad que pueden suponer regímenes demasiado estrictos; y, iii) los reales intereses en juego (de los titulares sobre los creadores).
Sobre cada uno de estos temas ya se ha escrito bastante en foros académicos, sociedad civil y b l o g s, ahora es el turno de la prensa tradicional chilena. Conozco a muchos que andarán un poco más optimistas.
Vean la nota completa en El Mercurio.
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