Aunque Moffat decrete una moratoria de memes(??) a Juque, el autor y responsable intelectual de esta cadena, este desnutrido blog se suma declarando sus cinco blogs chilenos favoritos:
Dejo expresamente fuera a mi amigo Claudio, el hombre detrás de QuemarLasNaves, a Christian, a.k.a. El Francotirador, y al citado Sr. Moffat, de El Diablo en los Detalles, porque sino esto sería la fiesta de los amigotes.
Se me olvidó pasarlo a cinco más. Lamentablemente no conozco más blogger (si tampoco es vicio esta custión), así que echo su suerte al viento.
A propósito del post La memoria en el suelo, publicado donde los chicos y chicas de LaRepública, recordé una notable conversación con el profesor Pablo Oyarzún en la que me contaba sobre la provocadora obra de un artista alemán (ahora se que se llama Horst Hoseisel) que lleva años realizando y proponiendo controvertidos memoriales a las víctimas del holocausto judío en Alemania. Obras que él llama Denkezeichen o Marcas de la Memoria, que se oponen a la tradicional idea del monumento grandilocuente.
Una de las principales y más reconocidos Marcas de la Memoria de Hoseisel es la Fuente Negativa de Aschrott, ubicada en la ciudad de Kassel.
En la plaza de dicha ciudad existió una fuente gótica de 12 metros de alto, donada por el rico empresario judío Sigmund Aschrott. En 1939, la fuente fue destruida por fuerzas nazi debido a su reconocido origen semita. Un par de años más tarde, Kassel sufrió la pérdida de más de tres mil hombres, mujeres y niños, quienes fueron exterminados en campos de concentración.
Una vez instalados en la anormalidad de la post-guerra, el lugar fue convertido primero en una plaza con pastito y flores, y luego se construyó una nueva fuente. El resultado: nadie recordaba exactamente qué había sucedido con la fuente gótica ni mucho menos quién era Sigmund Aschrott. Y sobre el holocausto, no había referencia ni memoria alguna. Y es aquí donde surge la obra de Hoheisel, en este espacio del olvido.
En el año ‘86 presenta una propuesta a la alcaldía de Kassel: la reconstrucción negativa de la fuente de Ashcrott, hundiéndola a 12 metros de profundidad en el mismo lugar donde fue destruida, como manifestación de una herida abierta en la ciudad. La propuesta causó una polémica importante, pero con el apoyo del alcalde de la época se pudo construir y la fuente negativa se convirtió inmediatamente un lugar de reflexión y de conflicto.
Para Hoseisel, “los monumentos dicen mucho más de nosotros mismos que de las víctimas y su historia (…) por eso la fuente negativa parece no gustarle mucho a los habitantes de Kassel”, pero no hay duda que cumple con su función de mantener/instalar/perpetuar la memoria. Ahora todos en la ciudad conocen la historia de la fuente, todos conocen quien era Sigmund Aschrott, todos conocen lo que sucedió en los campos de exterminio.
Como él dice, sus Marcas de la Memoria son siempre monumentos en los que la gente tiene que bajar la cabeza y reflexionar sobre la historia. Busca rescatar las huellas antes de que se terminen de desvanecer, en lugar de construir grandes moles de mármol y bronce, que por más grandes que sean se vuelven invisibles, se olvidan.
Y aquí es donde la idea de T. me parece genial. Con simples huellas, con simples hitos instalados en nuestros espacios cotidianos, se hace mucho más por no olvidar nuestros horrores que con los grandes monumentos que la oficialidad levanta aparentemente con el mismo fin.
Esperemos que se puede materializar. Imagino que la tarea de convencer al alcalde Labbe (o a quien corresponda) puede no ser un trabajo fácil, pero vale la pena intentarlo. Los crímenes de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino merecen no ser olvidados. Cada uno de nosotros debiera ser responsable que la memoria de los crímenes ocurridos los vuelva irrepetibles.
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Imagen cortesía de wikipedia.de publicada bajo los términos de la Licencia de documentación libre GNU
Fuentes: wikipedia.de, Laura Malosetti en Clarín.com, Foro sobre Arte y Memoria de la Facultad de Filosofía de la UBA, entre otros.
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