
Hace algunos días que el rumor circulaba y el domingo pasado un discreto aviso en El Mercurio daba señales concretas sobre la última movida del gobierno en materia de espacios culturales: convertir el ruinoso y militarizado Edificio Diego Portales en un gran centro cultural para Santiago, ubicado en pleno centro de esta enorme ciudad. Con esta decisión, el Gobierno realiza un par de gestos simbólicos importantes, especialmente en una ciudad destrozada por las inmobiliarias y cuyo desarrollo urbano es, a lo menos, desastroso. Veamos:
Primero, le devuelve al histórico edificio de la UNCTAD III, el destino que el Presidente Allende anunció al inaugurar este espacio en junio de 1972 y que la dictadura de Pinochet impidió hacer realidad:
“y queremos que esa placa sea la base material del gran Instituto Nacional de la Cultura (…) queremos que la cultura no sea el patrimonio de una elite, sino que a ella tengan acceso -y legítimo- las grandes masas preteridas y postergadas hasta ahora, fundamentalmente, los trabajadores de la tierra, de la usina, de las empresas o el litoral”.
Segundo, permitirá integrar un barrio completo que actualmente está dividido por unas muy poco amistosas rejas, garitas y guardias militares de fusil en mano. Confieso que me carga pasar cerca de militares armados, me pertuban y asustan, pienso que en cualquier momento levantan el fusil y se ponen a disparar como locos. Asi que, si se van del barrio mucho mejor; y,
Tercero, en la misma línea y tal como dicen en Plataforma Urbana, el concurso de arquitectura que convocó el Gobierno pone mucho énfasis en el carácter ciudadano original del edificio, y busca recuperar la transparencia y permeabilidad que alguna vez se proyectó, como conector entre la Alameda y el Parque Forestal. Se imaginan el espacio y circuito que se va armar ahí.
Confieso eso sí que tengo algunas cuestiones dispersas en la cabeza:
Me simpatiza la idea lanzada por la Universidad de Chile, de tomar el espacio y crear un gran centro cultural que se articule con las espacios universitarios que existen en el sector (campus Andrés Bello de la Chile y la Casa Central de la Católica). No conozco la propuesta al detalle, pero ver juntos al Rector Víctor Pérez, a Francisco Brugnoli que con muy pocos recursos ha hecho del MAC un espacio excepcional y al Decano de Economía Felipe Morandé, me dice que nuevamente están sucediendo cosas importantes en la más importante Universidad de Chile.
Tal como conversé con una amiga alguna vez, me gustaría que la propuesta final contemple Marcas de la Memoria, que impidan olvidar cuánto sucedió en ese edificio, cuán simbólico es para la memoria de este país un lugar creado por el Presidente Allende para el disfrute cultural de su pueblo y que irónicamente terminó convertido en sede de la feroz dictadura de Pinochet, cuando el Palacio La Moneda era sólo un montón de escombros humeantes.
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Creo firmemente que cuando se defina el futuro del Centro Cultural Gabriela Mistral, numerosas voces disonantes se levantarán en pos de sus ideales propios…todos válidos, por cierto. Pero la realidad es una sola: el país (y su gente) necesita de un espacio ASI, que nos dé cabida a TODOS: a los amantes e indiferentes del arte y la cultura, a los amantes y detractores del gobierno militar, a quienes aman y odian la arquitectura de los setentas…en definitiva, AL PAIS. El Diego Portales es un ícono de la historia más reciente (y recordada) de nuestro país. Está inserto en un sector que se desarrolla como un ícono del Chile de vanguardia (barrio Lastarria), y posee las características (en ubicación, en metros cuadrados, en capacidad edilicia) como para ser un referente de muchos temas…y de todos nosotros. Nos merecemos eso…y espero que, a nosotros mismos, no nos defraudemos con su resultado final. Que no sea un “centro de eventos”, o un “museo”…ni menos un shopping. Que ojalá logre la gloria: que llege a ser nuestro Centro de la Memoria y la Cultura.