
Hoy, para aquellos que nos sentimos republicanos, ha sido un día de dulce y agraz.
Mientras muchos de nosotros estabamos profundamente inmersos en la discusión sobre la más importante reforma a la ley de propiedad intelectual de los últimos 40 años, que sucedía casi a la misma hora en la Cámara de Diputados, esta misma Cámara rechazaba, aparentemente por falta de quórum, la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas de 1994 por 57 votos a favor, 7 en contra y 1 abstención, siendo el quórum mínimo de 69 votos a favor.
La falta de quórum es engañosa. Una lectura rápida diría que había menos diputados presentes en la Sala que los necesarios para aprobar esta Convención, pero eso no fue así. En la sesión de hoy, al momento de votar, llegaron a haber 88 diputados presentes, esto es, 19 más de los necesarios para aprobar la Convención.
¿Qué sucedio?. Básicamente, buena parte de la bancada de la UDI simplemente no votó. Algunos votaron en contra (Andrés Egaña, Patricio Melero, Manuel Rojas, Gastón Von Mühlenbrock, Juan Masferrer y Jorge Ulloa) otro se abstuvo (Ramón Barros) y dos votaron a favor (Rodrigo Álvarez y Marisol Turres). El resto de la bancada, estando presente, no votó. Impresentable, qué más podemos decir.
(Igual hay que preguntarse dónde estaban los 32 diputados y diputadas efectivamente ausentes).
Fotografía: Por Libertinus, publicada en Flickr, bajo licencia Atribución – Compartir Igual de Creative Commons.
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La desaparición de diputados -no forzosa, seguro- habla de una ausencia más grave, que es la de memoria. El título de tu post es escalofriante porque es cierto.
Más allá del círculo cada vez más pequeñito de familiares de los desaparecidos -básicamente compuesto por mujeres admirables, hay que decirlo-, son cada vez menos los que recuerdan que en el lugar donde hoy hay una foto en blanco y negro y una pregunta, antes hubo una persona, unas circunstancias, una consecuencia, un modo de ver el mundo.
Quizás lo más duro de todo esto sea ver que ellos y ellas, los que tanto han faltado por años, en poco tiempo más -y a menos que los “honorables” cambien de actitud – habrán efectivamente desaparecido. Junto con la enorme oportunidad de hacer de este país un sitio que no admita el crimen impune.